La Ventana y la Lluvia
Esta mañana mientras me levantaba pude sentir que el viento frío entraba desde la ventana que yacía abierta por mi sutil y elegante manera de olvidar las cosas cuando el cansancio se presenta en cada parte de mi cuerpo; decidí cerrarla para eliminar la posibilidad de enfermarme en pleno verano; al estar frente a ella me percaté que era una mañana adorable, el cielo estaba invadido por un conjunto de nubes grises de las cuales una ligera lluvia mojaba los tejados, los jardines, los vehículos y todo lo que su capricho quisiera refrescar; me quedé contemplando lo esplendida que era la mañana por un instante y decidí cerrarla; miré mi reflejo en la ventana, ahí estabas tú detrás de mis ojos y de mi sonrisa; dejé de mirar con el corazón y desapareciste, solo permanecían mis ojos de pájaro y aquella sonrisa desapareció con las gotas que bajaban del cristal de la ventana.
El viento soplaba tan fuerte que no había mariposas; tocaba a mi puerta mas no decidí abrirle por miedo a que la muerte me visitara o peor aún, fuese la nostalgia; pude sentir esa clase de sentimiento que se siente cada vez que alguien al que no quieres recibir toca tu puerta como si el silencio le dijera que te hallas paralizado, como si supiera que todo el silencio que escucha es artificial; el sonido cesó y corrí a mirar si la muerte o la nostalgia se habían marchado a visitar a otra alma inocente, no obstante me di cuenta que la persona que tocaba eras tú, llevabas puesto como siempre, la ropa impecable y elegante, el viejo reloj que te ayudaba a saber la hora y el día; reí una y otra vez hasta que el viento se llevo mi risa que se ocultaba detrás la puerta de madera.
Sobre la mesa mi reloj permanecía inmóvil, las manecillas caminaban al compás del goteo que se escuchaba; me serví una taza con café y me senté mirando fijamente a mi viejo reloj, un recuerdo de ti se escapó de él cundo el segundero avanzó, usaba peinado formal; le di un sorbo a mi café y le miré fijamente, miré a los ojos a tu recuerdo que se encontraba frente a mí; la lluvia no saciaba su capricho y tal fue su grado que comenzó a llover en mi casa, el reloj se mojó y se detuvo; tu recuerdo se despidió de mí mostrando su educación y yo empapado comencé salpicar todo lo que aún permanecía seco para terminar con el capricho de la lluvia.
Ahí estaba yo mirando mi reflejo de la ventana; la sonrisa volvió a mi boca porque tú estabas frente a mí y no detrás de mis ojos; mi reflejo regresó al lugar donde debía estar, en el cristal de la ventana. El sol brillaba una vez más.

Café para Llevar por Jorge Luis B. Rivera se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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